Expresión Oral en la Comarca Sur de Jaén
Desde el punto de vista de la cultura vernácula andaluza, los pueblos de la Comarca Sur de Jaén tienen un denominador. En estos lugares existió durante mucho tiempo una forma poética de expresarse. Esto no ha de extrañarnos.
La predisposición genética de los andaluces a expresarse en voz poética constituía una forma de expresión escrita que ya usaban los andaluces tartesios hace 3.000 años. Los Tartesios escribían sus leyes en verso para evitar que éstas fuesen falsificadas, pudiéndose encontrar en este hecho el primer germen genético de la tradición poética del pueblo andaluz, de lo que da muestra el historiador romano Estrabón en sus crónicas, haciendo referencia a los tartesios a través de sus descendientes los turdetanos: “son considerados los más cultos de los íberos, ya que conocen la escritura y, según sus tradiciones ancestrales, incluso tienen crónicas históricas, poemas y leyes en verso que ellos dicen de seis mil años de antigüedad” (Estrabón, III,1,6).
Se puede apreciar que el germen genético de la poesía tiene continuidad tras los tartesios y turdetanos al convertirse la Bética en el centro cultural del imperio romano, aportando además de literatos de la talla de Séneca, Lucano o Columela, emperadores como Trajano o Adriano. Viéndose así la Bética enriquecida e impulsada por el desarrollo cultural andalusí de la mano de autores como Averroes, Avenpace, Ibn Hazm, Alfarabí, Ibn Arabí, Ibn Quzman, Ibn Gabirol, Ibn Hayyan, el rey poeta Almutamid o el premio Nóbel de filosofía a titulo póstumo (2005) Ibn Jaldún por citar alguno.
Esta peculiaridad de la expresión oral andaluza, nítidamente más prolífera que la escrita, se encuentra en perfecta sintonía con una cultura que no solo rinde culto a sus predecesores, sino que sirve de mecenas a un pueblo que veía como pervivían sus costumbres ancestrales. Como, por citar un ejemplo, deja claro Alif Nûn en su libro “Lengua y literatura árabe de Al-Andalus”, el cadi Abu Bakr Ibn al-‘Arabi -citado en los Prolegómenos de Ibn Jaldún- proponía a los musulmanes orientales de la Comarca Sur de Jaén el método de enseñanza adoptado por los andalusíes, en el que la poesía -desde la preislámica hasta la contemporánea del periodo abasí- era estudiada antes que cualquier otra disciplina.
Los moriscos andaluces, privados del uso de sus casas, costumbres y prácticas religiosas, por reiterado incumplimiento de ‘Las Capitulaciones de Santa Fe’ por parte de las muy católicas monarquías reinantes de turno, se vieron abocados a vivir en los extrarradios de grandes ciudades o en cuevas cercanas a los campos que labraban para los terratenientes. De este desarraigo en la propia tierra de sus abuelos, nació una nueva forma de transmisión oral, el flamenco. Este se convirtió en la voz de una tierra que cuenta su historia a través de las gargantas de sus hijos al son del latido de un pueblo oprimido. No solo transmisor de la historia, cultura y sentir de un pueblo, sino también de la forma de hablar de este, con las influencias aportadas por grandes leguas imperiales como el latín o el árabe, lenguas que modelaron el romance aljamiado andaluz, lingua matter del andaluz actual según no pocos autores.
El flamenco ha perdurado hasta nuestros días en toda Andalucía -y especialmente en la Comarca Sur de Jaén- tras convivir, y en algunos casos entrelazarse con la palabra escrita de algunos escritores andaluces renacentistas tales como Antonio de Nebrija, Pedro Espinosa, Juan de Mena, Francisco Pacheco, Lope de Rueda, Fernando de Herrera o Fray Bartolomé de Las Casas, hasta la llegada del Barroco en que serían continuados por Luís de Góngora y Argote, Juan de la Cueva, Francisco de Rioja, Juan de Mal Lara o Baltasar de Alcázar.
De estos pasamos a la Ilustración andaluza, fielmente representada por José Cadalso, José Joaquín de Mora, Francisco Martínez de la Rosa o Antonio Alcalá Galiano. Gustavo Adolfo Bécquer destaca como máximo exponente del romanticismo andaluz junto a Juan Valera. Continuamos con la Generación del 98, y sus precursores Ángel Ganivet, los hermanos Álvarez Quintero, los hermanos Machado o el premio Nóbel de literatura (1956) Juan Ramón Jiménez, inspiradores de la Generación del 27, fundada con la celebración del tricentenario de la muerte del poeta cordobés Luís de Góngora, y constituida en su mayoría por andaluces de la talla de Rafael Alberti, Federico García Lorca, Luís Cernuda, Manuel Altolaguirre, Manuel Ángeles Ortiz, Emilio Prados, Fernando Villalón, José Moreno Villa o el premio Nóbel de literatura (1977) Vicente Aleixandre, o sea más del 70% de los componentes de este movimiento literario, que junto a los anteriormente mencionados, reflejan la idiosincrasia poética de los andaluces que aflora en los momentos más íntimos de cualquier andaluz, como últimamente hemos tenido la oportunidad de comprobar todos con las declaraciones de Juan José Cortés, el padre de Mari Luz, la niña de 5 años que apareció muerta en la Ría del Odiel en Huelva el pasado 7 de Marzo, y que a la pregunta de un periodista de ¿cómo se encuentra usted?, responde: “esta mañana me he levantado y he visto que en mi jardín faltaba una flor”.
Esto contrasta con anuncios de televisión en los que aparece un dibujo animado de un cateto que, ¡cómo no!, habla andaluz; contrasta con que en la mayoría de las series de televisión, las respetables ‘chachas’, los drogadictos, y los sectores más incultos de la sociedad española sean representados por personajes andaluzo-parlantes. Y más aún contrasta con las declaraciones de algunos políticos, que plantean la docencia de euskera, gallego o catalán a la vez que incumplen el estatuto de autonomía del 80 y su reforma de 2007 en el artículo siguiente:
Titulo preliminar, art. 10, “Objetivos básicos de la comunidad autónoma”, cap. 3º leemos: “la comunidad autónoma andaluza, en defensa del interés general, ejercerá sus poderes con los siguientes objetivos básicos: párrafo 3º El afianzamiento de la conciencia de identidad y de la cultura andaluza a través del conocimiento, investigación y difusión del patrimonio histórico, antropológico y lingüístico”.
Sería deseable que el Estatuto Andaluz se cumpliera en su integridad, incluyendo la norma anterior, pues claramente se ha incumplido durante casi 30 años al no haberse creado un centro de estudio, investigación y difusión del andaluz, impidiendo su normalización y crecimiento como lengua culta en la que se puedan crear obras literarias que dignifiquen el habla de nuestros antepasados.
Por Pedro Casado