Cuando el visitante se aproxima por primera vez a Castillo de Locubín, desde la desviación que parte de la N-432, este pueblo se le antoja una erupción de adobe que brota desde lo alto de un cerro y se desparrama ladera abajo en una colada compacta de teja y cal…
El viajero que llega a Castillo de Locubín debe preparar sus pies para subir y bajar un laberinto de estrechas y silenciosas calles, algunas de las cuales aún conservan la estructura escalonada. El Parque de la Constitución es el núcleo central de la población, punto de encuentro, mercado y celebraciones. Muy cerca se halla la Ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que alberga la imagen que le da nombre. En el corazón histórico se alza la Iglesia de San Pedro (siglo XVI-XVII), con fachada renacentista, fue construida en sustitución de un antiguo templo medieval. El Museo de Artes y Costumbres Populares está en un edificio rehabilitado del siglo XVIII, antiguo hospital de la Orden de Calatrava, y cuenta con una valiosa colección de piezas de la vida doméstica y artesanal de siglos pasados. Desde la plaza del Carmen se divisan los restos de la fortaleza árabe. De la antigua fortaleza apenas quedan restos de muralla y torreones en el barrio viejo de la Villeta. Hay constancia de que este recinto fortificado constaba de dos puertas, Plaza de Armas y Torre del Homenaje. En este recorrido el visitante también puede apreciar rincones tradicionales andaluces con macetas en los balcones y salpicadas sobre las fachadas encaladas de las casas. Ya en la parte baja del pueblo está el Puente de Triana, de doble arcada, levantado bajo el dominio musulmán para facilitar el paso sobre el río San Juan. En sus cercanías se encuentran los antiguos molinos harineros de Triana y el Cubillo.
Cabe destacar que en la actualidad está en construcción el museo de Pablo Rueda, escultor de cerámicas plásticas de estilo hiperrealista que dejó una importante obra de gran pulcritud artística.
Los amantes de la arqueología pueden visitar el poblado Íbero de Encina Hermosa, situado en las estribaciones de la Sierra de Ahíllos. En fase de excavación y estudio actualmente, fue un centro poblacional fortificado en la antigüedad.
El visitante que guste de los espacios naturales, disfrutará de la magnífica estampa que ofrece el paisaje agrario de la Vega castillera con sus frondosas huertas que surten a la población de todo tipo de verduras, hortalizas y frutas, destacando entre éstas la deliciosa cereza. A tan sólo 4 km del casco urbano se halla la zona de recreo del Nacimiento del Río San Juan, un paraje de interés medioambiental donde las aguas cristalinas armonizan con la frondosidad del paisaje, ofreciendo un escenario idóneo para disfrutar de la naturaleza en sus múltiples expresiones.
Y después de este itinerario natural y cultural, el viajero puede degustar la gastronomía castillera en los bares y restaurantes esparcidos por el pueblo: la típica sobrehusa, las habas con jamón, el gazpacho con cereza, las migas…etc. En cuestión de repostería encontrará la manta castillera, bollos de higos y almendras, rosquetas, empanadillas de sidra, y otros productos elaborados con las ricas cerezas que se cosechan en este municipio.